Lola Mora: Una época dificil.

3.2.16


Por Elizabeth Arocena.

Lola Mora esculpiendo la Fuente de las Nereidas, en pantalones, 1903.
“No pretendo descender al terreno de la polémica; tampoco intento entrar en discusión con ese enemigo invisible y poderoso que es la maledicencia. Pero lamento profundamente que el espíritu de cierta gente, la impureza y el sensualismo hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura que haya podido crear Dios”

Lola Mora.

El otro día, haciendo zapping en la tele, antes de pensar siquiera en qué iría a cenar, encontré la película “Lola Mora”, del año 1996 y protagonizada por Leonor Benedetto. La había visto de chica y hasta este momento no volví a pensar en ella. A pesar de la mala calidad de la imagen (al parecer no todas las películas se conservan igual) fue una experiencia interesante el poder observar a través del cine la vida de una mujer que podría tomarse como una de las primeras feministas de su tiempo, a mi humilde entender, y por ese mismo motivo, tan incomprendida y alejada de la sociedad purista de ese entonces.

Que una mujer a comienzos del siglo XX, en Buenos Aires, se atreviera a desafiar las convenciones sociales, a esculpir y querer vivir de ese trabajo, lo único que lograba era que la misma sociedad a la que pertenecía la despreciara.
Nacida en 1866, cuando cumplió 20 años comenzó su carrera artística con el pintor italiano Santiago Falcucci (1856-1922), quien comenzó a brindarle clases particulares, y continuó sus estudios en Roma, donde tuvo como principal maestro a Giulio Monteverde.

Características de su arte.

Han evolucionado desde un academicismo muy influido por el renacentismo italiano hasta una suerte de brutalismo donde se encuentran afinidades con Rodin; en plena época victoriana Lola Mora buscó realzar a la mujer en su naturalidad, cuando la mujer debería ser absolutamente recatada y sometida al hombre y solo aparecía de un modo clandestino la desnudez femenina como algo prostibulario y pornográfico.
Aunque la intención evidente de Lola Mora en sus obras es exaltar a la mujer libre con y en su belleza natural, la mentalidad masiva de la época consideró a sus desnudos femeninos como obras “inmorales”, sus esculturas femeninas suelen tener el rostro con el delicado mentón femenino elevado y facciones alegres o valientes y con sus senos siempre desnudos, firmemente elevados como llevando por delante a las adversidades y mostrando “desvergonzadamente” (para esos tiempos) su femineidad (esto en una época en que una mujer que mostrara públicamente algo más que su rostro y manos era demasiado). Toda obra de Lola Mora fue realizada por ella misma en pleno contexto de la liberación femenina.

Su gran obra.

Fuente de las Nereidas
Sin lugar a dudas, nuestra artista es recordada particularmente por la escultura que recibiera el nombre de “Fuente de las Nereidas”, concretada en 1903 por encargo de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, admirada y discutida por la sociedad porteña de la época victoriana que mayormente consideró “licenciosas” y “libidinosas” las esculturas que mostraban alegremente, y sin recato, los perfectos cuerpos desnudos emergiendo triunfalmente de las aguas.
Primeramente emplazada cerca de la Casa Rosada, tuvo que ser removida de su lugar a causa de las presiones de la “liga moralista” que además de quejarse de los desnudos de la obra, no toleraban ver a la artista trabajar en pantalones en su taller, trasladándose a un lugar entonces alejado: la Costanera Sur, en donde aún se encuentra.

¿Vida privada o acto de rebeldía?

Trabajando en su estudio con un modelo.

La personalidad de Lola siempre se mostró altiva y descarada ante las convenciones sociales, sin importarle qué pensaran de ella, hacia lo que quería cuando quería, y eso le trajo más de un problema a lo largo de los años.
Cuando contaba con cuarenta años de edad contrajo matrimonio con un hombre veinte años menor que ella, Luis Hernández Otero, quien la abandonó cinco años más tarde. A los Otero no les agradaba la idea de ver a su hijo casado con una mujer que podría ser su madre, por lo cual en el acta civil y en la religiosa, Lola Mora figura con una edad de treinta y dos años.
Un extendido rumor le atribuyó una relación amorosa con su amigo el expresidente Julio Argentino Roca. Otros rumores aseguraron que era bisexual y que se casó para restarles verosimilitud, lo que habría estado probado en cartas quemadas por su familia tras su muerte.

Fallecimiento.

Tras tres largos días de inconsciencia, insensibilidad y dificultad en su respiración, murió en la Ciudad de Buenos Aires, el 7 de junio de 1936, rodeada de sus tres sobrinas que la asistieron durante la enfermedad.
Increíblemente, aunque es algo que suele suceder en el mundo artístico, obtuvo mayores reconocimientos luego de su muerte que en vida. Todas las críticas hacia su pensamiento y accionar se volvieron elogios ante el talento perdido de tan gran escultora. El vespertino Crítica señalaba: "...Es el homenaje perenne y sincero que compensa, hasta cierto punto, la ingratitud material de los poderes públicos y la sorda hostilidad de nuestros círculos artísticos que veían en Lola Mora la expresión de gustos anticuados y definitivamente pasados de moda.”
Por su parte, el Diario La Nación que tantos favores concediera a Lola Mora en sus años de esplendor, decía sobre ella: “El decidirse por el arte, ya había significado una proeza, recordemos la fecha de sus comienzos y su actuación inicial. Mujer y escultora parecían términos excluyentes. Los prejuicios cedieron, sobrepujados por la evidencia de su obra.”

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