Dora Maar. Un genio ausente.

14.6.15

Por Elizabeth Arocena.

«Necesito construir un halo de misterio en torno a mí porque todavía soy demasiado conocida como mujer de Pablo».
Dora Maar.

“Autorretrato”
Quizá lamentablemente para Dora, se cruzó en su camino Pablo Picasso. Un  hombre como pocos, mujeriego de gran porte, que con su sola presencia invadía el aire que se respiraba; nadie salía indemne al hechizo fulgurante de este español, y por supuesto, Dora no fue la excepción. Digo lamentablemente, porque a partir de ese invierno de 1936 en el que coincidieron en el café Les Deux Magots de París, sus destinos quedaron sellados, y la llama bucólica y la enorme personalidad artística de la joven quedaron supeditados a aquel hombre.
Henriette Theodora Markovitch (más conocida como Dora Maar), fue una artista plástica, pintora, fotógrafa y escultora francesa, nacida en 1907. En la familia se hablaba francés y español; las fotografías de su juventud muestran a Dora desde paisajes de los Alpes hasta zonas tropicales,  pasó la adolescencia en Argentina, pero su juventud se desenvuelve en París. Su familia se opuso fervientemente a la relación con Picasso. Un día, Julie (su madre), discutía violentamente con Dora por teléfono, cuando de pronto la voz de la primera se cortó. Había muerto. Fue durante la ocupación de Francia por los Nazis y era de noche, después del toque de queda. A la mañana siguiente, Dora la halló muerta con el teléfono en una mano.
En casi un millar de fotografías, tan sólo hay dos en las que sonríe. Dora era una persona callada, orgullosa, muy inteligente y de una ironía fina a veces teñida de cierta maldad. Le gustaba disfrazarse de siglos anteriores.


La Fotografía.
“Assia”, por Dora Maar
Dora Maar estudió en la Academie Lothe donde conoció a Henri Cartier-Bresson, que aún no se había convertido en uno de los mejores fotógrafos. La formación de Dora pasó principalmente por la búsqueda de mentores. El único consejo que le dio Man Ray fue “el efecto desenfocado”. En el año 1937, el cartelista Josep Renau lleva a Picasso el encargo de hacer un cuadro para el pabellón de España en la Exposición Universal de París. Una gran tela que fuera defensa de la República y denuncia del atropello fascista. Picasso hace bocetos de una posible tauromaquia y Dora Maar va registrando ese proceso con una devoción mística, lo que la llevaría al único registro fotográfico paso a paso, conocido, del Guernica.
A través de su padre, consiguió tener un estudio propio, en donde creó sus famosos fotocollages. Ella decía que no distinguía entre encargo y creación. La fotografía de Dora en este nuevo aspecto era más bien clásica siguiendo el estilo refinado de Meerson. Trabajó un tiempo de exposición más largo para intensificar los negros. El recurso de la sobre-exposición es sumamente efectivo en “Les années vous guettent”, donde una telaraña cubre amenazadoramente el rostro de Nusch Éluard. Publicó únicamente dos fotografías de mujeres desnudas.
“Sin título”, por Dora Maar
Afectada por los acontecimientos políticos que estaban sucediendo, marchó a Barcelona donde inició una serie de fotografías en las que lograba captar la realidad del país en vísperas de guerra, como la pobreza, la desesperación, y la marginalidad, con los barrios de los trabajadores como telón de fondo.
Posteriormente, en París y Londres, la realidad social siempre estaría dentro de su objetivo, pues Dora se había convertido en una tenaz activista de izquierda, reflejando su descontento social no solo con la firma de manifiestos y panfletos, sino también con sus fotografías.
La artista, que había secundado el credo surrealista antes de conocer al pintor español, "tenía una inclinación instintiva hacia lo misterioso, lo mágico y lo sobrenatural" que plasmó, a mediados de los años treinta, en obras enigmáticas, tanto fotos, como pinturas y esculturas.
Fotografía surrealista de Dora Maar
Combinaba lo experimental con fotos de moda y desnudos solarizados que publicaba en revistas ilustradas y le servían como forma de ganarse la vida, como Assia (1934), con la modelo proyectando una sombra sobre la pared.


Pablo Picasso, y luego, el desamor.
La mujer irresistible que había sido una de las modelos favoritas del fotógrafo Man Ray fascinó a Picasso desde el primer encuentro: los presentó el poeta Paul Elouard y ella jugueteaba con una navaja que pinchaba entre los dedos extendidos de la mano enguantada, haciéndose ligeros cortes cuando erraba. El pintor le pidió como regalo los guantes blancos moteados con sangre y, de paso, una cita. En el verano de 1936 se encuentran otra vez en la Costa Azul, en casa de unos amigos, volviéndose inseparables durante siete años, entre ellos los durísimos de la ocupación nazi de Francia durante la II Guerra Mundial.
Picasso aún estaba casado con la bailarina rusa Olga Koklova, y ya había tenido una hija con la dulce y serena Marie-Thérèse Walter. La Guerra Civil española supuraba muertos y Dora Maar andaba indignada con la carnicería. Siguió retratando, pero el artista malagueño se convirtió en el centro mismo de su obra, renunciando a cualquier emancipación espiritual.
“Después de Picasso, sólo Dios” – Dora Maar
Dora le consigue el taller de la Rue des Agustins donde el Guernica toma forma y claridad tras el bombardeo de la Legión Cóndor en el pueblo vizcaíno. Él la retrata en las cuatro mujeres que gritan, y huyen, y lloran en el lienzo. Ella registra cada paso del pintor, del acierto al arrepentimiento y él se deja fotografiar.
Françoise Gilot apareció en la vida de Picasso cuando éste se aburría con Dora Maar. En 1945 a Picasso ya no le interesaba Dora y ella empezó a mostrar un comportamiento extraño y paranoico: un día comentó a Picasso que le habían robado a su perrito y lo encontraron andando por los muelles; en otra ocasión dijo que le habían robado la bicicleta y más tarde la encontraron intacta; una vez la encontraron desnuda en las escaleras de su casa para consternación de un séquito nupcial. Fue psicoanalizada por Jacques Lacan. Posteriormente, ingresó en el hospital de Sainte-Anne. Le aplicaron electroshock y fue Paul Éluard (el mejor amigo de Dora en ese entonces) quien dijo a Picasso que la sacara de allí, acusándolo de hacerla sufrir demasiado.

El final.
“Retrato de Dora Maar” – Picasso, 1937
Una vez separada de Picasso, en 1944, muy pocos la frecuentaron. Se encerró en su casa con más de 100 obras de Picasso y sus propias fotografías. Jamás concedió una entrevista. Entre los pocos que pudieron sortear la fortaleza está la historiadora del arte Victoria Combalía, que publicó en Circe su biografía. Dora Maar ecualizó su existencia para aceptar sólo el sonido de un nombre: Picasso. Y después nada.
Murió sola a los 90 años, en 1997. A su entierro acudieron siete personas. Antes de morir, en una cama bajo la que guardaba celosamente en cajas de cartón todas sus cartas y recuerdos personales, legó a un monje sus posesiones, entre ellas todas las fotos que conservaba y 130 cuadros y dibujos que le había regalado Picasso.
Aunque su personaje ha servido de inspiración literaria en varias ocasiones y algunos historiadores del arte se han aproximado a su vida, pocas certezas se tienen de ella al margen del tiempo durante el que estuvo vinculada al artista malagueño. La leyenda en torno a su persona ha ido creciendo con el tiempo hasta adueñarse de la realidad. 

4 comentarios:

  1. ¡Cuántas cosas aprendo con vosotras, chicas! Muchas gracias por estos contenidos tan estupendos :)

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    1. Me alegro mucho que te guste, muchas gracias a ti por leernos!!!!

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    2. Muchas Gracias Rita y Muchas Gracias Lizzy por formar parte de Momentos. Esa es la idea Rita!!! Que Lizzy con sus conocimientos nos cuente y nos enseñe cosas del maravilloso mundo del arte,y sobre todo saber algo mas de sus protagonistas.

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    3. Elizabeth Swan08 julio, 2015 16:39

      Recien veo el comentario. Muchas gracias a vos Marie por haberme hecho parte de este proyecto, me divierte y me pone muy contenta escribir sobre algo tan interesante y ecléctico como es, y sera siempre, el Arte.

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